Los niños y la tecnología: “Acompañar con ojos atentos”

Hoy en día los niños tienen una infancia muy diferente a la que tuvimos padres, abuelos, tíos. La presencia de la tecnología ha modificado rotundamente los hábitos y maneras de entretenerse de los pequeños. Como adultos debemos limitar y supervisar sin dejar de acompañar.

El mundo que nos rodea es tecnológico. Tiene sus beneficios: la velocidad y facilidad en las comunicaciones, el acceso a la información, realizar compras, cursos, viajes, trabajar desde casa, jugar, crear, aprender, y el listado sigue.

Pero si se utiliza en demasía puede traer graves consecuencias, desde generar dificultades cognitivas (falta de atención, concentración, memoria, etc.) trastornos físicos (insomnio, obesidad, etc.) y problemas de adaptación social, hasta terminar en una adicción.

Es difícil para los adultos esta tarea ya que carecemos de experiencia en el tema. Los recuerdos con los que contamos son de una infancia en la vereda o en las plazas, arriba de los árboles, andando en la bici o en patines, improvisando una canchita en la calle, jugando al ring raje, a la rayuela, al patrón de la vereda, saltando la soga, el elástico, con el yoyó o la honda. Recuerdos grabados en la memoria corporal. 

Niños jugando con la computadora.

Hoy los chicos dicen que van a “grabar un vídeo”, o que necesitan “lograr otro nivel”, que se compraron “un nuevo personaje virtual”, tienen su propio canal en youtube y juegan a distancia con otros niños.

Como adultos no podemos contemplar relajados esta situación ¡Ellos nos necesitan, aunque no nos pidan ayuda!

La infancia actual está muy influenciada por la tecnología. Los profesionales de la salud, pediatras, psicólogos, nutricionistas, psicopedagogos, recomiendan una hora diaria de actividad al aire libre. Da igual que sea el club, la plaza, la vereda, ir a un taller de arte o salir al patio a regar las plantas, jugar con la mascota o lo que implique contacto con el sol, el aire y la tierra. Esta sugerencia incluye el encontrarse con otros niños.

Niño pateando una pelota.

Sugerencias

Lo ideal para los pequeños (menores de 14 años) seria no más de dos horas diarias en contacto con las pantallas. Cada familia puede acomodar lo sugerido a su realidad cotidiana. Tratar de no llevarles alimentos al lado de la compu o de la tele ¡Deben aprender a poner pausa! Y nosotros debemos lidiar con su berrinche hasta que aprendan.

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Otra sugerencia consiste en intentar no comer en familia con la televisión prendida. Silenciar los celulares cuando están reunidos en la mesa. Hoy es todo un desafío. Quizás al principio no surgen temas de conversación y hay que lidiar con la protesta y el enojo de los chicos, pero poco a poco eso va cambiando. Un almuerzo o merienda juntos son oportunidades para mirar a nuestros hijos, para saber cómo se sienten, si sucedió algo en la escuela y para contarles algo de nosotros, este intercambio es altamente positivo.

Después de cenar evitar el contacto con cualquier tipo de pantalla. Es preferible que no tengan tele ni compu en la habitación, pero si es así, evitar prenderla antes de dormir, está probado que producen cierta estimulación cerebral que impide conciliar el sueño. Gran cantidad de niños van mal dormidos a la escuela, con consecuencias en su rendimiento intelectual y en su motivación para levantarse.

Es preferible que se aburran y algo inventarán. Este es el tiempo de hacerlo. A medida que van creciendo es más difícil cambiar ciertos hábitos y en la adolescencia se puede complicar la aplicación de límites que deberían haber sido tratados en la infancia. Es bueno hablarles del cuidado de la salud, darle un descanso a la vista, cambiar la postura corporal y establecer contacto con otros aspectos de la vida.

Acompañar y supervisar

Como adultos, aprender a manejar las nuevas tecnologías es esencial para acompañarlos y evaluar riesgos.

Que la compu, tablet y demás aparatos se usen en espacios de uso común ayuda a supervisarlos.

Supervisar los contenidos a los que están expuestos, evitando la violencia y los que transmiten valores dudosos. Controlar las fotos y videos que miran en la red.

Ayudarlos a elegir contenidos y aplicaciones educativas, artísticas o que planteen algún desafío. Evitar el uso de cámara web, compartir información personal y fotos con desconocidos en redes sociales.

Señales de alerta

Si un chico pasa mucho tiempo conectado, experimenta ansiedad o nerviosismo si no está conectado con el celu o la tablet. Si evita salir y establecer contacto humano, si no puede resolver situaciones fáciles como ir a comprar o hacer una pregunta a un maestro, hay que preocuparse y buscar ayuda profesional.

Finalmente, hay que considerar que ellos nos están mirando. No podemos exigirles a lo que nosotros mismos como adultos no hacemos. El ejemplo vale más que un sinnúmero de palabras vacías.

La tecnología es una herramienta maravillosa para aprender, para comunicarnos, para informar, para resolver problemas. Pero, como cualquier aspecto de la vida, si se pasa de cierto límite se vuelve perjudicial. Hagamos que lo bueno siga siendo bueno.

Acompañemos a los pequeños y crezcamos junto con ellos.

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